Buelta y su hipótesis de los ciclos
bienales
por Juan Pablo González
Índice
- Introducción
- Nacimiento, desarrollo y
muerte de una hipótesis
- La hipótesis bienal de Buelta, hoy
- Análisis de los máximos
- Evolución del número de casos durante el periodo sinódico
- Conclusiones
- Agradecimientos
- Notas y referencias bibliográficas
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Cuando recientemente publiqué el primer informe del proyecto CUCO [1] en el que analizaba, entre otros aspectos, la distribución temporal de los casos ovni en España [2], creía haber considerado todos los ciclos temporales posibles: siglos, décadas, años, meses, días y horas, sin caer en la cuenta de que había omitido el ciclo que fue más querido en los primeros tiempos de la era moderna de este fenómeno: el ciclo bienal marciano.
Recordemos que en su recorrido en torno al Sol, la Tierra y Marte siguen órbitas elípticas en las que nuestra estrella se encuentra en uno de sus focos. Así, hay momentos llamados oposiciones en que la Tierra se alinea entre el Sol y Marte. En un entorno de pocos días, la distancia entre ambos planetas pasa por un mínimo relativo. En otros momentos, denominados conjunciones, la alineación se produce con el Sol en medio y la distancia pasa por un máximo relativo. Las oposiciones Tierra-Marte tienen lugar a intervalos que oscilan entre los 765 y los 810 días, aunque la distancia que los separa en cada oposición puede variar notablemente (entre 55 y 101 millones de kilómetros aproximadamente). En promedio, el tiempo que transcurre entre dos oposiciones es de 778,94 días, lo que se conoce como periodo sinódico: aproximadamente dos años y dos meses, de donde viene la denominación “ciclo bienal marciano”.
Hasta mediados de los años 60 del pasado siglo, con las primeras imágenes de las sondas espaciales enviadas al planeta rojo, Marte había sido el principal candidato a hogar de una civilización extraterrestre. Mucho se había escrito al respecto: los supuestos canales, los cambios estacionales de color atribuidos al crecimiento de vegetación e incluso una larga tradición de supuestos contactos con los marcianos -desde telepáticos hasta radiofónicos- le habían hecho acreedor de tal condición. Así, cuando a finales de los años 40 aparecen los platillos volantes y comienza la especulación sobre su origen no terrestre, Marte era el principal (y habitual) sospechoso.
Pero hacía falta una prueba, aunque fuera circunstancial. Y esta la encontraron de forma más o menos simultánea e independiente varios pioneros de la ufología en Francia (Aimé Michel) y España (Óscar Rey Brea y Eduardo Buelta) [3], [4]: el número de avistamientos parecía aumentar notablemente en coincidencia o poco después de las oposiciones marcianas. En un hipotético viaje entre ambos planetas se debían aprovechar estos favorables momentos de proximidad. Como el tiempo ha demostrado, esta hipótesis era una rara avis entre las múltiples que se han propuesto en relación con el tema ovni, ya que era falsable. Es decir, que podía ser sometida a prueba y demostrarse, si era el caso, que no era correcta.
Un año antes, con motivo de la publicación de un libro que glosaba la vida y obra de uno de estos primeros estudiosos, el gallego Óscar Rey Brea [5], realicé un somero análisis crítico de uno de sus artículos donde incluía una gráfica comparando el número de casos cada mes y los momentos en que se producían oposiciones entre 1948 y 1954. Evidentemente, jugaba con una triple ventaja: en primer lugar, tenía acceso a una base de datos con muchos más casos que la suya para el periodo analizado, la del proyecto CUCO, que me permitía comprobar con mayor fundamento si efectivamente se producía este pretendido aumento en el número de avistamientos. En segundo lugar, disponía de una serie histórica mucho más prolongada en el tiempo. Y por último, sabía que Marte no albergaba ninguna civilización. No queriendo abusar demasiado, limité mi análisis al mismo periodo que Rey.
Pero como he mencionado anteriormente, hubo otro ufólogo hispano que se apercibió también de la sincronía entre las aproximaciones de Marte y el aumento del número de avistamientos de platillos volantes (o mejor dicho, O.N.I.; objetos no identificados, como él los denominaba): el valenciano Eduardo Buelta. Tomando como pretexto la publicación de un trabajo que recoge la correspondencia entre Buelta y un joven Vicente-Juan Ballester Olmos [6], he sometido la hipótesis de los ciclos bienales a un análisis más profundo sin la limitación temporal del trabajo anteriormente citado. Pero antes de presentar los resultados es necesario explicar en mayor detalle en qué consistía esta hipótesis y cómo Buelta la hizo evolucionar a lo largo del tiempo.
Nacimiento, desarrollo y muerte de una hipótesis
Acto 1: Barcelona, 1955
Eduardo Buelta Saura, funcionario de correos cuyos estudios de ingeniería industrial habían sido interrumpidos por la Guerra Civil, publica un pequeño librito titulado Astronaves sobre la Tierra [7], hoy prácticamente inencontrable. Es una de las primeras obras que tratan el tema publicadas en España, en la que recoge sus reflexiones sobre el origen marciano de los O.N.I.s. Muy especulativas en su mayoría, hoy hay que juzgarlas a la vista de los conocimientos científicos de la época. En la página 13 presenta una gráfica (ver fig. 1) con el número de avistamientos publicados en prensa y que obran en sus archivos producidos cada mes entre enero de 1950 y octubre de 1954. Periodo durante el que se han producido tres oposiciones marcianas: los días 23/03/1950, 1/05/1952 y 24/06/1954, señaladas con flechas (ver figura 1).
Llama la atención el pequeño tamaño de la muestra utilizada. En efecto, la mayoría de los meses registran a lo sumo 2 casos. Pero destacan 6 meses sobre el resto: 3 de ellos con 7 casos: marzo del 50, abril del 52 y octubre de 1954. Y cosa curiosa: prácticamente coinciden con los meses en que se han producido las dos primeras oposiciones, aunque la de 1954 precede en tres meses al pico de avistamientos. Además, hay otros dos meses con 6 casos: julio de 1952 y junio de 1954. El primero de estos “cuasi-picos” es un problema: casi 3 meses después de la oposición. El segundo, todo lo contrario: coincide con la oposición. Sus magnitudes son demasiado grandes para ignorarlos. En resumen: Buelta se encuentra con un único pico asociado a la oposición de 1950, y a dos picos para cada una de las oposiciones del 52 y del 54, y afirma que las primeras apariciones comienzan “alrededor de 20 días antes de cada oposición: en 1952 y 1954, tras de una pausa, volvió a repetirse otra oleada unos 70 días después de ella”. Bueno, las cosas no son siempre tan simples como nos gustaría. Si exceptuamos al mes inmediatamente anterior o posterior a dichos picos, ningún otro mes acumula más de dos casos. Buelta los llama “periodos de calma” (más adelante, “normales”), en los que asegura “la frecuencia de apariciones en nuestros cielos desciende mucho, sin duda – a un promedio menor de la décima parte de las observadas en los momentos álgidos“. Piensa que esta distribución no puede ser una casualidad, y que todo indica que los O.N.I.s deben provenir de Marte. Más aún cuando, según sus cálculos, los tiempos cuadran. Los primeros picos serían naves que harían viajes de ida y vuelta aprovechando la misma oposición. En cambio los segundos indicarían naves que se quedarían en la Tierra o en sus inmediaciones hasta la próxima oposición. Buscando explicación a la ausencia de un segundo pico en 1950, Buelta apunta que pudo deberse a que se trató de una oposición lejana (98 millones de kilómetros), mientras que las posteriores fueron cada vez más cercanas. La de 1956 será prácticamente el mínimo absoluto: 57 millones de kilómetros. Todo parece encajar: se dan las condiciones necesarias para una predicción:
“El otoño de 1956 es un punto crítico que no volverá a repetirse hasta 15 años después. ¿Qué puede ocurrir? Por de pronto pronostico nuevas marejadas de pájaros siderales, cuando menos una en la segunda quincena de agosto y otra en la también segunda de noviembre, seguramente más altas que todas las que nos invadieron en el pasado.”
Acto II - ¿Principios de 1958?
Aunque no hay seguridad de ello, cabe razonablemente datar así a la siguiente gráfica (fig. 2), reproducida en la obra de Antonio Ribera Objetos desconocidos en el cielo [8] publicada en 1961, en la que se acredita a Buelta como su autor y que recoge la actividad O.N.I. desde 1950 hasta finales de 1957.
Poco ha cambiado para los años ya comentados (añadido o eliminación de apenas algún caso). Pero lo más importante es que la predicción se ha cumplido. O casi: hay un pico de 9 casos tres meses después de la oposición (10/09/56) y otro menor en agosto. Aunque no son mucho mayores que los de años anteriores, es suficiente.
Pero… ¡ay!, 1957 no es el año de calma que se esperaba. En noviembre Buelta registra el mayor pico de avistamientos hasta la fecha, con 12 casos. Y la conjunción (máxima distancia con Marte) se había producido apenas 2 meses antes, el 21 de septiembre. No puede ignorarlo, y lo atribuye a los dos primeros satélites artificiales, los rusos Sputnik I y II (lanzados respectivamente el 4 de octubre y el 3 de noviembre), en vez de a los marcianos. La hipótesis psicosocial asoma la patita.
Acto III. Enero de 1959
En el artículo Cómo “ellos” están explorando la Tierra [9], Buelta introduce una componente geográfica en su hipótesis, al afirmar que la oleada de 1956 se produjo sobre Europa oriental y Asia, llegando a Extremo Oriente, Australia y Nueva Zelanda, motivo por el cual su repercusión en la prensa española fue muy escasa. Parafraseando (y pervirtiendo) el famoso aforismo, en esta ocasión y para Buelta la escasez de evidencia local es evidencia de presencia remota. En retrospectiva asevera que desde un principio las oleadas se desarrollan siguiendo un patrón geográfico de desplazamiento hacia el este. Así, las oposiciones de 1948 y 1950 habrían desencadenado sendas oleadas sobre Estados Unidos, en 1952 se habría añadido además Sudamérica y Europa, y en 1954 ya no en Norteamérica, sino en Europa occidental y África. Esta hipótesis complementaria, denominada teoría del desplazamiento hacia el este de las oleadas, no será aceptada por Rey Brea. Buelta realiza un nuevo vaticinio:
“la inminente oleada que comenzará a principios de febrero se desarrollará teniendo por eje el meridiano 120º que cruza, de norte a sur, la Manchuria, Filipinas y el occidente de Australia”.
Acto IV. Junio de 1959
Buelta firma el editorial del Boletín del CEI cuyo título es bien explícito: Pronóstico cumplido [10]. Y afirma: “Durante la segunda mitad de enero, en febrero y en parte de marzo una nueva oleada de O.N.I. - la sexta – inundó los cielos de Australia y el Japón.” Exultante, cierra su editorial con esta contundente frase (en mayúsculas en el original): “LA TIERRA ESTÁ SIENDO METÓDICAMENTE REGISTRADA POR NAVES PROCEDENTES DE MARTE DESDE EL AÑO 1950. Y LA EXPLORACIÓN TERMINARÁ EN LA PRIMAVERA DE 1961”
Acto V. Marzo de 1961
En el nº 8 del citado boletín [11], Buelta afirma que en los días posteriores a la oposición marciana del 30 de diciembre de 1960, “el número de apariciones registradas fue unas siete veces mayor que el promedio normal en los periodos de calma”, lo que confirma su predicción en lo que al primer pico se refiere. Y además introduce una diferenciación entre los primeros y segundos picos:
“por causas que no están claras aproximadamente dos meses y medio o tres después de la oposición las estadísticas acusan, desde el año 1953, un segundo incremento en el número de apariciones, segunda fase que, a cada nueva oleada, ha ido adquiriendo mayor empuje y que ya en 1954 alcanzó una altura superior a la de la primera. Esta segunda cresta – a diferencia de la que le precede- no es mundial, sino que descarga sobre una determinada faja de meridianos, desplazándose la zona de máxima actividad unos 60º hacia el este en cada sucesiva oleada […] interpretándolo como signo de que la Tierra está siendo metódica y gradualmente explorada zona tras zona.”
Y aquí le asalta la duda: si su hipótesis es cierta, tras la oleada de 1960 se ha completado una vuelta en torno al planeta. No hay más predicciones. Solo queda esperar y ver.
Acto VI. Octubre de 1961
Y siete meses después, en el editorial del boletín [12], Buelta certifica que “el ritmo de las apariciones ‘no identificadas’ ha quedado interrumpido” y que “incuestionablemente, la segunda fase de lo que hubiera sido séptima oleada no se ha realizado”. Una versión aún más elaborada y compleja de la hipótesis se presenta en el mismo boletín [13], junto con la gráfica de la figura 3, que muestra la actividad O.N.I. desde enero de 1950 hasta julio de 1961.
La hipótesis queda formulada así, en palabras de Buelta:
“Un brusco ascenso sincronizado con todas y cada una de la cinco oposiciones de Marte ocurridas desde 1950 a 1960 e, inmediatamente, un progresivo descenso durante 18 meses siguiendo una curva de caída idéntica en los cinco casos y que corresponde a una exponencial con periodo de siete meses: tal es – o ha sido – el ritmo de variación de la actividad de las naves y “objetos” extraterrestres desde que comenzaron su ciclo contemporáneo, probablemente desde principios de 1948.”
Varias novedades a reseñar:
1. La gráfica ya no presenta los pocos casos por él recopilados (204), sino una estimación de los casos totales ocurridos en el área geográfica de la que recibe datos obtenida por extrapolación. Calcula [14] a partir de informaciones de diversos países que se producen 1,32 casos por millón de habitantes y año (lo que denomina la “constante de frecuencia”). Si la población involucrada es de 750 millones de personas, deben producirse 990 casos al año. Él recibe un promedio de 10,3 informes al año, 96 veces menos. Así, decide multiplicar por 100 sus datos. Además ahora representa valores quincenales, en vez de mensuales. No entraré aquí en este tema. Con los datos disponibles por Buelta, este es un cálculo tanto o más especulativo que la asignación de valores a los factores de la ecuación de Drake, siendo en último término irrelevante para el objeto de este artículo, que es determinar si existe alguna correlación entre las oposiciones de Marte y el número de avistamientos.
2. Determina que los picos regionales se producen en promedio 85 días después de cada oposición.
3. Se incorpora un nivel basal de 40/50 casos quincenales (doble línea horizontal en el gráfico), a la que otorga una variabilidad aleatoria del mismo orden, por lo que considera como picos significativos únicamente aquellos que superan la ordenada de 100 casos/quincena (zona con rayado oblicuo de la gráfica). Esto hace necesario considerar nuevos picos de casos, aparte de los dos por oposición hasta ahora reconocidos, y en consecuencia…
4. introduce un nuevo elemento: la “caída exponencial”: todos los picos significativos (a partir del segundo) asociados a una oposición se acomodan a una envolvente exponencial decreciente desde un mismo nivel, con semivida de aproximadamente 7 meses. Abre la puerta, tras aplicar con resultado satisfactorio un test de Pearson al conjunto de los casos del periodo 1952-1960 (descontando los de 1950-1951 y 1961, así como los atribuidos a los satélites), a que la evolución real del fenómeno sea exponencial, siendo los picos únicamente un efecto aleatorio atribuible al insuficiente muestreo.
Pero pese a todos los esfuerzos, sigue habiendo hechos que se resisten a seguir el patrón definido, a saber:
a) Un nuevo pico imprevisto, menor que el atribuido a los Sputnik en 1957 pero por encima del nivel de la envolvente exponencial, se produce en agosto de 1960. Se atribuye al lanzamiento del satélite Eco I.
b) En ningún momento se da una justificación a que algunos meses presenten picos adicionales bien ajustados a la envolvente exponencial, y otros sin ningún caso, siendo muy irregular su distribución en el tiempo. Parece que la aleatoriedad aquí es del tipo binario: o existe el pico con su valor pleno, o no lo hay en absoluto.
c) El modelo falla definitivamente en 1961. El pico de enero de dicho año no ha sido tan elevado como había avanzado en marzo y el segundo no se ha producido, como el propio Buelta admite.
Epílogo. 1962
En esta fecha escribe un último artículo [15] sobre el tema, que no es publicado hasta 7 años después. Lo ilustra la misma gráfica de la figura 3 y únicamente añade algunas “precisiones” en cuanto a la duración (nadie puede acusar a Buelta de no mojarse), a saber:
· La primera fase de cada oleada, de carácter global, dura poco más de un mes (desde 15 días antes de la oposición hasta 15 o 20 días después).
· La segunda, de carácter regional, dura unos 40 días, comenzando 80 días después de la oposición. Durante un mes el número de casos se multiplica por 10, y luego se produce una sucesión de picos decrecientes de manera exponencial. Parece haber descartado la existencia de un decremento exponencial continuo.
La hipótesis bienal de Buelta, hoy
Han pasado 70 años desde que Buelta formulase por primera vez su hipótesis del ciclo bienal marciano, y 64 desde su última versión. Como se ha mostrado en el apartado anterior, en estos siete años la hipótesis fue evolucionando, intentando mantener la coherencia con los nuevos datos que iban le llegando. Esto también le obligó a desestimar crestas imprevistas y a justificar la inexistencia de otras hipotetizando que tuvieron lugar en zonas geográficas de las que era difícil obtener datos. Hoy cabe plantear dos preguntas:
o Teniendo en cuenta el exiguo número de casos con los que Buelta formuló sus hipótesis, ¿qué hubiera concluido si hubiera contado con una mayor base de datos para aquellos años, como la que representa el catálogo CUCO?
o ¿Qué podemos concluir a partir de toda la casuística recopilada hasta nuestros días? ¿Hay alguna evidencia de una conexión entre los avistamientos de UAPs (estamos en 2026, ya no se habla de O.N.I.s, ni siquiera de ovnis) y las posiciones relativas de Marte y la Tierra?
Antes de intentar contestarlas es necesario realizar un par de consideraciones previas acerca de las diferencias entre ambas bases de datos:
· Buelta descartaba previamente los casos que no le merecían credibilidad por uno u otro motivo, y llega a decir [7] que el gráfico de la figura 1
“muestra cómo ha variado el número de apariciones verosímiles e inexplicables publicados por la prensa durante los últimos 5 años. […] Repito que el gráfico registra sólo las noticias dignas de atención; si reflejara todas las publicadas, el contraste entre los periodos de calma y las crestas de las oleadas sería aun mucho mayor”.
Esta última frase es interesante, pues indicaría que Buelta se había percatado ya en 1956 de que la proporción de casos negativos aumenta en periodos de oleada. O dicho de otra manera: que la proporción -no solo el número- de casos ovni (negativos) aumenta cuando aumenta el de los presuntamente auténticos. Una indicación de la existencia de una componente de contagio psicosocial en las oleadas. Curiosamente, los picos atribuidos a satélites artificiales únicamente son descartados a posteriori, cuando comprueba que no obedecen a las predicciones de sus hipótesis. En CUCO, en cambio, no se descarta ningún caso como consecuencia de su definición de carácter sociológico de lo que es un ovni.
· Los casos de Buelta provenían de “todas las noticias de prensa publicadas en un determinado número de periódicos (convenientemente elegidos y siempre los mismos) alusivas a «O.N.I.» auténticas avistados en los cielos de Europa occidental, América, Australasia, Japón y Sudáfrica)”13, mientras que los de CUCO son exclusivamente de España, Portugal y Andorra, esto es, de una misma región geográfica en el sentido de la hipótesis del desplazamiento hacia el este de las oleadas. Por ello, este aspecto no podrá ser objeto de análisis en el presente artículo.
En el momento de escribir estas líneas (febrero de 2026), CUCO tiene registrados 8.323 casos posteriores al 24/12/1944, con fecha completa y campo de estado igual a 1 (los únicos utilizables para estudios estadísticos, ver [1]). 538 ocurrieron durante el periodo enero 1950-julio 1961, frente a los 204 utilizados por Buelta en su último análisis. En la figura 4 se muestra su distribución mes a mes hasta 1961. Las oposiciones con Marte se han señalado con líneas rojas.
Es de resaltar que el eje de
ordenadas se ha truncado a 30 casos, lo que afecta a los meses de marzo (85
casos) y abril (37 casos) de 1950, para facilitar la visibilidad de las crestas
del resto de años. Esta es una primera diferencia notable con la afirmación de
Buelta de que los picos de casos eran prácticamente iguales en todas las
oleadas. Con los datos de CUCO, la oleada de 1950 fue mucho mayor que las
restantes en el periodo por él analizado [16]. Dejando aparte este hecho, al comparar
las figuras 3 y 4 se puede comprobar que los meses en que los picos ocurren coinciden
durante el periodo 1950-1957, incluido el pico espurio de noviembre de este
último año, con una notable excepción: la supuesta oleada de diciembre de 1956
es totalmente inexistente. Tampoco aparece en CUCO la de febrero de 1959. En
resumen: los datos actuales solo parecen avalar las coincidencias entre
oposiciones y oleadas en 1950, 1952 y 1954 (esta última, aceptando un retraso
de 4 meses). Es un resultado similar al del estudio4 realizado para
la hipótesis bienal de Rey Brea. Para realizar
un análisis más preciso, el que las oposiciones no estén sincronizadas con los
ciclos mensuales y las duraciones variables de estos son sendas dificultades.
Por ello se ha procedido a contabilizar los casos en intervalos de 8 semanas
sincronizados con los momentos de oposición Marte-Tierra. Así, en torno a la
fecha de cada oposición se ha definido un intervalo central de ±14 días, precedido
por 14 intervalos de 28 días, y al que siguen otros 14 intervalos similares,
hasta los puntos intermedios entre las oposiciones anterior y posterior
inmediatas. En total, 29 intervalos en torno a cada oposición, que constituyen
un periodo sinódico. Como los tiempos entre dos oposiciones varían, la duración
de los intervalos extremos suele ser menor de 28 días, lo que se ha tenido en
consideración en el tratamiento estadístico posterior. En la tabla 1 se
muestran los parámetros temporales de cada periodo sinódico entre el 24/12/1944
y el 3/09/2019, es decir, los correspondientes a las 35 oposiciones desde 1946
hasta 2018 [17]. También se indica para
cada periodo sinódico el número de casos, cuál ha sido el intervalo con mayor número
y el valor del pico. Fecha oposición Inicio periodo sinódico Final periodo sinódico Duración periodo (días) Total casos en el periodo Máx. de casos en intervalo de 28
días Intervalo (semanas desde la
oposición) 14/01/1946 24/12/1944 30/01/1947 768 19 9 35/38 17/02/1948 31/01/1947 04/03/1949 764 13 4 -34/-31 23/03/1950 05/03/1949 11/04/1951 768 154 96 -2/2 01/05/1952 12/04/1951 27/05/1953 777 82 14 -2/2 24/06/1954 28/05/1953 01/08/1955 796 97 20 23/26 10/09/1956 02/08/1955 12/10/1957 803 54 7 43/46 16/11/1958 13/10/1957 07/12/1959 786 98 24 -54/-51 30/12/1960 08/12/1959 16/01/1962 771 64 8 -22/-19 04/02/1963 17/01/1962 20/02/1964 765 49 5 15/18 09/03/1965 21/02/1964 26/03/1966 765 160 35 19/22 15/04/1967 27/03/1966 06/05/1968 772 223 19 47/50 31/05/1969 07/05/1968 04/07/1970 789 809 107 -42/-39 10/08/1971 05/07/1970 15/09/1972 804 345 28 -54/-51 25/10/1973 16/09/1972 18/11/1974 794 540 91 23/26 15/12/1975 19/11/1974 01/01/1977 775 803 67 -22/-19 22/01/1978 02/01/1977 07/02/1979 767 753 48 31/34 25/02/1980 08/02/1979 12/03/1981 764 808 69 -14/-11 31/03/1982 13/03/1981 20/04/1983 769 202 20 -38/-35 11/05/1984 21/04/1983 09/06/1985 781 174 16 -18/-15 10/07/1986 10/06/1985 18/08/1987 800 150 13 -54/-51 28/09/1988 19/08/1987 27/10/1989 801 174 30 51/54 27/11/1990 28/10/1989 17/12/1991 781 189 13 -42/-39 07/01/1993 18/12/1991 24/01/1994 769 150 14 -10/-7 12/02/1995 25/01/1994 28/02/1996 765 305 55 51/54 17/03/1997 29/02/1996 04/04/1998 766 412 53 15/18 24/04/1999 05/04/1998 17/05/2000 774 157 15 -38/-35 13/06/2001 18/05/2000 20/07/2002 794 145 13 7/10 28/08/2003 21/07/2002 01/10/2004 804 133 11 31/34 07/11/2005 02/10/2004 29/11/2006 789 104 23 -18/-15 24/12/2007 30/11/2006 09/01/2009 772 101 10 31/34 29/01/2010 10/01/2009 14/02/2011 766 135 10 -30/-27 03/03/2012 15/02/2011 20/03/2013 765 232 35 -22/-19 08/04/2014 21/03/2013 29/04/2015 770 192 18 15/18 22/05/2016 30/04/2015 23/06/2017 786 107 10 -30/-27 27/07/2018 24/06/2017 03/09/2019 802 123 9 -18/-15 La gráfica de la figura 5
presenta la distribución temporal de casos por intervalos de 28 días durante el
periodo de tiempo considerado. Se comprueba que de las 35 oposiciones,
únicamente en 2 ocasiones el máximo coincidió con el intervalo de ±2 semanas
centrado en aquellas: precisamente en las de 1950 y 1952, las primeras
incluidas por Buelta en sus trabajos.
La gráfica de
la figura 6 muestra la frecuencia con la que cada uno de los 29 intervalos
definidos ha coincidido con el máximo de casos del periodo sinódico. En caso de
que varios intervalos proporcionasen el mismo número, se ha seleccionado el más
cercano a la oposición, y de persistir la igualdad el posterior a la oposición,
para que el sesgo introducido fuera en todo caso favorable a la hipótesis de
los ciclos bienales. Curiosamente, los intervalos inmediatamente anterior y
posterior al de la oposición nunca se han correspondido con máximos. No se
observa ningún patrón claro. Antes al contrario: los máximos parecen
distribuirse de manera aleatoria e independiente de cuándo ha tenido lugar la
oposición (representado por la línea de trazos). Sin embargo, para poder aplicar
de manera fiable el test χ2 de Pearson y confirmarlo es necesario
disminuir el número de intervalos, hasta conseguir que no haya ninguno con
menos de 5 máximos. Por ello se han reducido a 5: tres centrales de 22 semanas
(154 días) y 2 extremos de 25, obteniéndose la gráfica de la figura 7. Para 4
grados de libertad y un nivel de significación α=0,05, (a los que corresponde
un valor crítico de χ2 = 9,49), los datos arrojan un valor de χ2
= 3,25, inferior al crítico, y un p-valor de 0,52, por lo que no puede
descartarse la hipótesis de que la distribución de los máximos sea uniforme a
lo largo del periodo sinódico. Evolución del número de casos durante el periodo sinódico El análisis
anterior, aunque bastaría para falsar la hipótesis de que los ovnis se ven con
mayor frecuencia cuando Marte se encuentra en oposición, resulta insuficiente
frente a la complejidad de las últimas versiones de la hipótesis donde, en vez
de un máximo aislado coincidente con la oposición, Buelta defiende la
existencia de dos picos (las dos fases de exploración) y una caída exponencial
del número de casos tras el segundo. Según esto el número de casos durante un
periodo sinodal debería idealmente evolucionar de manera similar a la mostrada
en la gráfica de la figura 8: Sin embargo, al
representar (ver fig. 9) los promedios de casos semanales recogidos en CUCO
para cada intervalo de 28 días en los que se han dividido los ciclos sinódicos completos
desde el 31/1/1947 hasta 16/01/62 (esto es, abarcando las oposiciones de 1948
hasta 1960), lo que aparece es un único pico muy nítido en torno al momento de la
oposición. La causa es lógicamente el altísimo número de casos que aporta la
oleada de marzo de 1950. Prueba de ello es que si se prescinde de dicho año, el
pico desaparece completamente y se obtiene una distribución mucho más uniforme. Fig. 9- Promedio de casos semanales a
lo largo de los periodos de 1948 a 1960. Comparación con la hipótesis de Buelta
y la distribución uniforme. Para la
totalidad de los casos en CUCO desde 1946 hasta 2025 (ver fig. 10) tampoco se
aprecia un patrón aparente que muestre un número de casos mucho mayor del
promedio en un momento determinado del periodo. Los máximos se producen entre
23 y 26 semanas después de la oposición y en uno de los extremos, de 55 a 58
semanas antes. Ni las dos notables crestas/fases ni la caída exponencial que
Buelta creyó detectar resultan tampoco visibles aquí, obteniéndose en cambio
una distribución bastante uniforme. Se han
sometido al test χ2 de Pearson tanto la hipótesis de Buelta como la
distribución uniforme de los casos en el tiempo, utilizando los datos de esta
última gráfica. Para 28 grados de libertad y un nivel de significación α=0,05, (a
los que corresponde un valor crítico de χ2 =41,33), se obtienen los
resultados de la tabla 2: que indican con altísima
probabilidad que la hipótesis de Buelta es incompatible con los datos de CUCO. También
lo es la de una distribución totalmente uniforme en el tiempo (aunque se
aproxima mucho más a los datos observados). Pero ello no implica per se la existencia de una relación
causa-efecto entre los movimientos planetarios de la Tierra y Marte con el
número de casos reportados: puede haber otros factores no considerados en este
análisis responsables de ello. Sería injusto
juzgar con los ojos de 2026 una hipótesis formulada 70 años antes. Ahora
sabemos que no hay vida inteligente en Marte. No tenemos certeza de qué datos
utilizó Buelta, aunque sí sabemos que fueron demasiado escasos, y nosotros contamos
con un volumen de información incomparablemente superior al suyo. Así, este
trabajo no debe considerarse como una crítica ventajista, sino como un análisis
desapasionado de cómo los seres humanos llegamos y nos aferramos a veces a
conclusiones que, aunque nos parezcan racionales, acaban por demostrarse
erróneas. En este sentido hay que reconocer a Buelta su carácter de pionero,
como también lo fue Rey Brea, al formular una hipótesis falsable sobre el
origen de los O.N.I.s basada en un análisis estadístico de los datos a los que
tenía acceso, y no en una simple conjetura. Buelta observó
que en 1950 y en 1952 se habían producido sendos aumentos en el número de
reportes ovni en coincidencia con los momentos en que Marte y la Tierra se
hallaban en oposición, y no se equivocaba. En 1a siguiente oposición, en 1954,
el incremento llegó con retraso, pero lo consideró aceptable y dentro del
margen de error. Creyó haber reconocido un patrón, lo que le impulsó a realizar
predicciones sobre cuándo se producirían las siguientes oleadas… y se engañó. Los
datos empezaron a no ajustarse al modelo pero, enamorado de su hipótesis, la
fue haciendo progresivamente más compleja. Todo antes que descartarla. Algunas
oleadas no se produjeron, pero pensó que tal vez era porque lo habían hecho en un
lugar de donde le era imposible obtener datos, así que incorporó el factor del
desplazamiento progresivo hacia oriente. O aparecía un pico secundario meses
después de la oposición, que interpretó como una estrategia de exploración de los
marcianos en dos fases. O llegaron picos secundarios repetitivos, que parecían
seguir una exponencial decreciente. O se hacía necesario descartar algún pico
como producido por los primeros satélites artificiales, aunque estos deberían
haber sido previamente filtrados si hemos de creer al procedimiento que
afirmaba seguir. Al fin y al cabo, el cerebro humano está programado para
reconocer patrones… y a veces se equivoca en este reconocimiento (apofenia). No
solo las pareidolias (reconocimiento de rostros y figuras en las nubes, constelaciones,
montañas, manchas, etc). También los datos numéricos y sus relaciones pueden ser
erróneamente interpretados como significativos. Finalmente en
1962 escribe un último artículo, que tarda 7 años en ver la luz, en cuya
introducción puede leerse: “Actualmente dicho investigador, por causas que
ignoramos, ha cesado de publicar nuevos resultados de investigaciones”.
Posiblemente no fuera la principal, pero al menos a mí no me extrañaría (esta
es una especulación propia) que una de ellas fuera el darse cuenta de que, tras
una dura batalla en la que los O.N.I.s le obligaban a reformular una y otra vez
su hipótesis, la inexistencia de una oleada en 1961 le proporcionaba la
oportunidad de arrojar la toalla con dignidad, reconociendo que el patrón que
estableció ya no existía y debía haber sido sustituido por otro, aún
desconocido. La fase exploratoria había acabado y, a partir de ese momento, los
marcianos eran libres de decidir cuándo venían o no de su planeta, o si
preferían quedarse en alguna base cercana al nuestro sin depender del rígido
movimiento de los astros. Los marcianos habían ganado, y los ufólogos habían
perdido Marte. El leitmotiv del proyecto CUCO es “dejar
que los datos hablen”. Y lo que estos nos dicen es que en toda la serie
histórica entre 1945 y 2018, en la que se han producido 35 oposiciones Tierra-Marte,
solo en 1950 y 1952 estas han coincidido con máximos relativos de casos, y que
estos se distribuyen uniformemente a lo largo de todo el periodo sinódico. Y al analizar
la distribución de todos los casos (no solo los máximos) a lo largo del periodo
sinódico, únicamente el efecto de la gran oleada de 1950 hace que, en el
conjunto de los años analizados por Buelta aparezca un nítido máximo
sincronizado con la oposición. Máximo que desaparece al considerar la totalidad
de la serie histórica, siendo reemplazado por otro mucho menos notable en el
entorno de las 23-26 semanas posteriores. Y ya que el test de Pearson descarta
que sea atribuible a una irregularidad aleatoria, alguno podría estar tentado
de convertir dicha distribución en un nuevo patrón, aunque bastante menos
atractivo, y buscar su origen. Es libre de hacerlo, pero antes… ¡acuérdese de Eduardo Buelta, y de que nadie ha
dicho que los ovnis se distribuyan uniformemente en el tiempo! A Vicente-Juan
Ballester Olmos, quien me proporcionó los ejemplares del Boletín
del Centro de Estudios Interplanetarios que me permitieron reconstruir la
evolución de la hipótesis de Buelta, y me indujo a escribir este artículo. A todos los
colaboradores del proyecto CUCO, que lo han hecho posible. Notas y referencias bibliográficas
[1]
Remito al interesado a conocer más sobre el proyecto CUCO a mi artículo
“Proyecto CUCO. Catalogación de casos ovni en España, Portugal y Andorra. Parte
I – Historia y descripción”, en Revista
de Ufología nº8, junio 2025. Descargable en https://revistadeufologia.blogspot.com/2025/06/revista-de-ufologia-n-8-ano-3-junio-2025.html, pp-10-23 [2] González Gutiérrez, Juan Pablo. “Proyecto CUCO.
Catalogación de casos ovni en España, Portugal y Andorra. Parte II –
Explicaciones y análisis de la distribución temporal”, en Revista de Ufología nº9, septiembre 2025. Descargable en https://revistadeufologia.blogspot.com/2025/09/blog-post.html,
pp-82-97 [3] Cabria, Ignacio. Historia
cultural de los ovnis en España 1950-1990. Reediciones Anómalas, Alicante
2022 [4] González Gutiérrez, Juan
Pablo. “Rey Brea y el ciclo bienal”, 2024. https://proyecto-cuco.blogspot.com/2024/09/rey-brea-y-el-ciclo-bienal.html [5]
Carballal, Manuel. “El gallego sabio”. Ed. El Ojo Crítico, 2022 [6]
Ballester Olmos, Vicente-Juan. “Mi correspondencia con Eduardo Buelta”, 2026. https://www.academia.edu/164912884/Mi_correspondencia_con_Eduardo_Buelta [7]
Buelta, Eduardo. “Astronaves sobre la Tierra”. Ed. Oromí, Barcelona, 1955 [8]
Ribera, Antonio, “Objetos desconocidos en el cielo”. Ed. Argos, Barcelona, 1961 [9]
Buelta, Eduardo, “Cómo ‘ellos’ están explorando la Tierra”. Boletín del Centro de Estudios
Interplanetarios nº1, enero 1959.
Incluido en [6]. [10]
Buelta, Eduardo, “Pronóstico cumplido”. Boletín
del Centro de Estudios Interplanetarios nº6, junio 1959. Incluido en [6]. [11]
Buelta, Eduardo, “Efectividad y problemática de la VII oleada”. Boletín del Centro de Estudios
Interplanetarios nº8, marzo 1961. Incluido en [6]. [12]
Buelta, Eduardo, “Encrucijada”. Boletín
del Centro de Estudios Interplanetarios nº9, octubre 1961. Incluido en [6]. [13]
Buelta, Eduardo, “Investigaciones estadísticas. - Resultados generales:
confirmación de la periodicidad bianual. – La “caída exponencial” – Fin de la
fase exploratoria 1948-1960”. Boletín del
Centro de Estudios Interplanetarios nº9, octubre 1961. Incluido en [6]. [14]
Buelta, Eduardo, “La constante de frecuencia”. Boletín del Centro de Estudios Interplanetarios nº9, octubre 1961. Incluido en [6]. [15]
Buelta, Eduardo. “’Objetos no identificados’ (O.N.I.) - Resumen de
investigaciones (I)”. Cíclope informa, pp.37-38
(separata de la revista Cíclope: la
incógnita del espacio), Barcelona, 1969. Incluido en [6]. [16] No hay que olvidar que la oleada de 1950 fue
descubierta por Antonio Ribera a finales de dicha década y posiblemente no
fueran conocidos (o reconocidos como O.N.I.s) gran parte de sus casos por
Buelta. Ver Cabria, Ignacio. Historia
cultural de los ovnis en España 1950-1990. Reediciones Anómalas, Alicante
2022, p. 37 [17]
No se han incluido fechas posteriores dado que los datos recopilados en CUCO
para las mismas no se consideran suficientemente representativos. [18]
Nolle, Richard. “The Sun-Mars Opposition”, 2002. https://www.astropro.com/features/tables/geo/su-ma/su-180-ma/SU180MA6.html
[18]
Hipótesis de distribución
χ2
p-valor
Buelta
5.507
<<0,0001
Uniforme
130
<0,0001

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